viernes, 17 de julio de 2026

El bautismo del escorpión

 

Sin Dios, el totalitarismo no es más que técnica y adoctrinamiento para un control opresivo y opresor. Dolph Lundgren interpreta a un soldado soviético que, encarnando la absoluta rectitud en la conducta y en la actitud, no deja de ser alguien fabricado para oprimir y servir al aparato estatal soviético, pero en su odisea conocerá, por un lado, el contrapunto liberal del yanqui que a su vez será completado con el sentir nacional de un líder territorial africano. Ese camino de transformación, que en ningún caso elimina estadios del ser precedentes, sino que los redefine bajo una nueva cosmovisión, tiene una secuencia principal y resolutoria durante el periplo en el abrasador desierto, donde recibe el bautismo del escorpión, símbolo de un esencial vínculo con la tierra y el territorio que hasta entonces le era desconocido. La tecnocracia crea robots, la naturaleza nos hace retornar a la esencia de la vida ancestral, siendo el territorio africano un perfecto paradigma para esa vuelta a la naturaleza y a la tribu. Finalmente, cuando ese cuerpo colectivo que es la Nación grita: Dios con nosotros, partiendo de la tribu, y de la tierra más inhóspita, hacia el estado entendido como un medio y no como un fin, entonces es cuando el guerrero sirve a una comunidad de sangre y de tierra, a la vida misma de los pueblos, y no a los tecnócratas.