martes, 13 de enero de 2026

Cómo Stanley Kubrick denunció la perversión anglo liberal

 


No nos puede caber ninguna duda respecto a que El Resplandor es el cuento macabro invernal por excelencia, proporcionado por el séptimo arte. Lo tiene todo: la mansión o castillo encantado en las montañas, la familia, y el triunfo final de la inocencia sobre la degeneración liberal y opresora encarnada en Jack Torrance.  Lo que da miedo es la locura real, independientemente de si dicha locura está inspirada o no por entidades demoniacas, y es interesante mirar al subtexto de la película, donde lo verdaderamente terrorífico es la pederastia de un padre hacia su propio hijo, por eso las notas musicales y sonoras del inicio ( obra de Béla Bartók ) no hacen más que advertir del horror absoluto que se va a representar de forma velada por medio de subterfugios.

Y hay más, mucho más. Una denuncia al imperialismo yanqui profanador de tierras y tumbas pertenecientes a los nativos, un señalamiento directo a los poderosos del mundo (políticos, magnates y demás gente de la élite) cuyos crímenes permanecen en la sombra, y una denuncia directa a la bandera yanqui, ubicada en el despacho del director del Hotel Overlook, el hotel que encarna la arquitectura de la demencia de aquellos que se rigen por el principio del placer. 



Para comprender mejor esta lectura del subtexto de la película, ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=kN8VbrflRd0&t=2s

lunes, 22 de diciembre de 2025

"Esa es mi chica, ese es mi chico"

 



Aprendiendo a ser ángeles de la mano de Steven Spielberg, en una película para la navidad, tanto como ¡Qué bello es vivir!, u otras más reconocidas. Partiendo de una relación de amor "verdadero", desde un plano puramente humano en el que el amor se entiende como relación de dependencia mutua, como apego y como una cierta posesividad, la película nos va instruyendo de cara a saber amar como lo hacen los ángeles, es decir, de forma incondicional y desinteresada, desde la cercanía o desde la distancia. Utilizando la fábula de la vida después de la muerte, nos presenta a un personaje central que no sabe desprenderse de una vida ya pasada y de una persona que ya no podrá estar con él ni él podrá estar con ella. En principio eso le perturba el ánimo, pero progresivamente irá aprendiendo a estar ahí, como lo hace nuestro ángel de la guarda, desde la distancia porque ya no hacemos falta en vidas ajenas, y desde un amor eterno que no necesita recibir nada, sino tan solo dar. La frase final de Richard Dreyfuss lo dice todo: "Esa es mi chica, ese es mi chico", aludiendo a todas esas personas que pueden haber pasado por nuestra vida, que un día estuvieron pero luego se alejaron por las circunstancias o razones que sean, y que incluso viendo como se alejan y viendo como ya no jugamos ningún papel en sus vidas, podemos seguir amándolas a pesar de cualquier barrera, distancia o disconformidad. El amor y la amistad son Para Siempre, porque incluso no hay forma más elevada de amar a una persona que alejándote de ella por el bien de ella. Feliz Navidad.

domingo, 16 de febrero de 2025

A time for us, no es éste


Principalmente, lo que Spielberg consiguió con su versión de West Side Story es sumarse a la moraleja que Coppola y Scorsese, cada uno a su manera, formularon sobre el tema de la violencia y las bandas juveniles en determinados contextos sociales. Tony, un chico entre dos mundos, es aquí un equivalente a lo que Ponyboy Curtis era en The Outsiders, el chico de la moto en Rumble Fish o Harvey Keitel en Malas Calles o Quién llama a mi puerta, poniendo aquí el énfasis en los conflictos raciales y la desestructuración social. En ese infierno callejero, Tony y María aparecen como dos ángeles cuyo mutuo amor se convierte en un sentir pasional  y una mirada inocente que solo a ellos les sirve como pasajera burbuja o barrera de protección frente al mundo exterior, un mundo que a pesar de todo termina destruyendo sus almas. 

Pero, además, que la versión de Spielberg es la definitiva, más actual y también atemporal, técnicamente magistral y con la mayor fuerza dramática posible. 

martes, 4 de febrero de 2025

El chico de la moto

 



En alguna fase de la vida podemos haber conocido a esa persona fascinante que amplía los horizontes de nuestra existencia, que se convierte en una especie de hermano mayor, maestro, modelo y referente hacia la autosuperación. Suele ser en la adolescencia, y cuando llegamos a la edad madura nos damos cuenta que, en cierto modo, nos hemos convertido en aquella persona que tanto admirábamos. Su presencia inmaterial e idílica - incluso estando ausente o lejano - invadía la calle, el colegio o instituto, el hogar, las charlas con los compañeros, y eso Coppola lo refleja muy bien en ese tratamiento onírico que utiliza. Son esa clase de personas, extrañas e incomprendidas, que nos traen un mensaje de liberación, que quieren romper la jaula o la pecera en la que vivimos presos y nos invitan a avanzar por el río de la vida hasta desembocar en el gran océano de la Eternidad, de la paz interior, del crecimiento en vida y sabiduría, y de un largo etcétera de posibilidades conforme a las aptitudes de cada cual.

Del barrio bajo, pero culto, lector y observador crítico de la realidad circundante, el chico de la moto en Rumble Fish no es sino otra imagen de lo que Ponyboy Curtis- Johnny Cade son en The Outsiders.  Entre uno y otro, Francis Ford Coppola construye una idea mesiánica que recorre buena parte de su filmografía. 

domingo, 2 de febrero de 2025

El crepúsculo de Indiana Jones

 



Con Indiana Jones y la última cruzada Spielberg firmó una redención para su icónico personaje, reconciliándolo con su padre y sanando, con el poder del santo grial, las heridas del pasado. Supimos entonces que esa sed de aventuras del arqueólogo tenía su origen en un trauma psicológico debido a un padre ausente, el mismo que libra a su hijo del terrible poder de atracción de las reliquias o objetos mistéricos cuando éste está siendo presa del hechizo que sobre él ejerce el santo grial. Era el año 1989, todo había terminado bien y nadie pensaría que una cuarta aventura fuese necesaria.

Pero tras una redención, siempre es bonito filmar un crepúsculo, una especie de epílogo. Y Spielberg encontró su historia apoyándose en el guionista David Koepp. Indiana tenía que "morir" de alguna manera, y una de esas maneras era llevándolo hacia el matrimonio ( al igual que en Hook Peter Pan "muere" por causa del matrimonio y la paternidad ). Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (2008) es esa aventura que le lleva hacia el matrimonio y hacia la paternidad, desde un punto de partida en el que "Indi", en su ancianidad y declive, se ha quedado practicamente solo en la vida, muerto su padre, perdidos o muertos los viejos amigos, acompañado por amistades infieles, sin apenas reconocimientos por sus gestas presentes o pasadas, sin una familia ni tampoco herederos.

 La celebración de la boda entre Indiana y Marion ponía un fin definitivo a la aventura entendida como una desesperada huida hacia delante de quien vive solo o desamparado. Pero lo más importante, y relacionado con ello, de toda la película es la sentencia final de John Hurt-Oxley, esa terrible frase que dice justo antes del beso matrimonial: cuánto tiempo perdido esperando. Aventuras, viajes, emociones, tesoros, antiguallas ocultas, misterios, triunfos y fracasos, todo fue en vano, una pérdida de tiempo, y únicamente la vida en matrimonio y ejerciendo la paternidad dignifica al ser humano.     



lunes, 27 de enero de 2025

Reconciliarse

 



Aquí el Coppola más libre y personal, contando una historia sobre la reconciliación entre un padre y su hijo. Y qué interesante esa forma de diferenciar el pasado del presente a través del color, o el simbolismo de unos ojos hipnotizados por la luz. Mejor no entrar ahora en sus significados (¿la pasión por la belleza que siente todo artista?), y quedarnos en ese cuadro general sobre una genealogía, una maldición familiar donde la rivalidad entre padres e hijos se resuelve en esa obra final escrita conjuntamente entre el padre y el hijo. No mires la luz, la pasión codiciosa es lo que ha destruido a la familia y debemos cambiar de rumbo.

jueves, 23 de enero de 2025

Templos

 




"Los pecados no pueden ser redimidos en la iglesia, se redimen en las calles y en la vida del hogar". Ya desde esta primeriza Malas calles, como desde ¿Quien llama a mi puerta? en 1967, Martin Scorsese utiliza con profusión la iconografía cristiana católica como una especie de marco simbólico dentro del cual se desarrollan las tragedias de los bajos fondos. Esta misma vida es el infierno, y duele en todos los sentidos, pero el dolor más grande es el dolor espiritual. Dicho dolor, encarnado en Harvey Keitel, es aquel de quien tiene alguna forma de conciencia sobre la santidad, pero no la alcanza o se siente perdido y lejos de ella. Charlie (Keitel) representa la necesidad de encontrar redención verdadera, en la libre conciencia del individuo sin intrusiones por parte de iglesia y estado, y es ese hombre con conciencia moral que trata de sobrevivir en un mundo salvaje, siendo parte de él, pero diferente de él al mismo tiempo, obligado a convivir con Johnny Boy (Robert de Niro) hasta que las consecuencias del pecado terminan la historia. 

Hay dos templos para Charlie, uno es el templo católico, el de los rezos sin sentido ni poder para cambiar la vida. Otro es el del club nocturno y los bares de encuentro, esa vida real, palpitante, donde se aprenden el pecado y sus consecuencias. 


       "¿Quién llama a mi puerta?" Scorsese, 1967


En el caso de ¿Quién llama a mi puerta?, la primera secuencia nos lleva a ese mundo hogareño de la infancia, presidido por una estatuilla de la Virgen y el niño, hecho de cuidados, cariño, tradición y artesanía ( la abuela preparando y horneando una empanada matutina que reparte con orden y alegría ). Después la elipsis, violenta y directa, nos lleva a las turbulencias del mundo adolescente en las calles, donde J.R vive entre dos mundos: el de los tipos duros y el de una buena chica que parece ser una oportunidad para redimirse, mientras la estatuilla de la Virgen vuelve a aparecer en algunos planos. Al final, abriendo las puertas a un confesionario, conecta con las imágenes del inicio, el hogar de la infancia, la inocencia original, la abuela y el poder redentor de Cristo. A pesar de su corrupción, y conforme al versículo bíblico de Apocalipsis 3:20, Cristo siempre estuvo llamando a J.R.