lunes, 25 de mayo de 2026

El testamento y evangelio final de Coppola




                         Nostalgia de la Ciudad Dorada del futuro/ Esperanza en las voces del pasado


Si el ser humano, como ente objetivable, vive preso del tiempo, aquellos que sean capaces de detener el tiempo serán liberados y podrán contemplar el mundo desde una perspectiva ultramundana. Eso sólo lo logran los visionarios, es decir, líderes que pueden escuchar la "voz de los dioses", portadores del fuego de Prometeo, apóstoles de la Verdad o servidores de Dios. Tales visionarios irrumpen en la historia cuando la corrupción, la idolatría y la decadencia moral imperan en sociedades que requieren un cambio profundo, y saben mirar al futuro desde la Tradición de los ancestros. Ahora bien, César Catilina (Adam Driver) sueña siendo parte de lo mundano y de la hipnosis ejercida por Venus, la "diosa" encarnada en mujeres perversas o en las distintas drogas, en este caso la prostituta de Wall Street, ante la cual se aparta inspirado por su misión; la creación de un nuevo mundo, del cual Megalópolis es el primer brote esperando a florecer y ocupar el espacio y el tiempo de Babilonia de cara a un nuevo Tiempo. No en balde, el megalón, que en la película aparece definido como material tecnológico imperecedero, representa el tejido de la Eternidad empezando a ser parte constituyente del mundo presente. No sólo construye una nueva y diferente ciudad, sino una nueva conciencia y una nueva forma de vivir. Parece que pocos se dan cuenta de que no estamos ante una distopía al uso, sino de una conquista de la misma para la edificación de la Jerusalén celestial, la ciudad de Dios, la ciudad dorada, el mundo utópico donde la humanidad vivirá para crecer en cuerpo y en espíritu, para la cultura y la expansión de la Conciencia. Y ¿cómo hacer para que el tejido de la eternidad pueda invadir la realidad presente?. La película nos refiere a dos fundamentos básicos: el respeto a la tradición, al matrimonio que nos salva de la Venus perversa, y a la unión con la Eva de turno, la mujer junto a la cual detener el tiempo y entrar en el Jardín del Edén, el cual, ante las resistencias sociopolíticas y culturales del mundo presente, solo puede ser contemplado (materializado) con los ojos del alma. El visionario combate el sistema y la realidad cada día viviendo la realidad como debe ser, y no como es en maya, en la apariencia de las representaciones de la Voluntad schopenhauriana. Y esto también nos llevaría a la alquimia del verbo de Rimbaud. Las palabras cambian el mundo porque el pensamiento (el verbo de Dios) es el fundamento del mundo. Fijémonos también en que las películas antisistema que hemos reseñado ultimamente muestran simplemente la corrupción y la miseria del capitalismo anglosionista, pero Francis Ford Coppola acaricia su anhelada gran obra final sabiendo que, entre sátira e ironía, está expresando un evangelio, una luz dorada de esperanza verdadera y real en la que los artistas y los filósofos son los que gobiernan el mundo, y no los mercaderes tecnócratas, como sucede en el mundo presente.  Y es más: la ciudad dorada ya está aquí, el hombre nuevo ya ha nacido, y la podemos contemplar y vivir con los ojos de la Fe y del alma.

El paralelismo entre Cesar Catilina y Adolf Hitler es evidente, especialmente en ese recorrido que va desde el arte a la política. Cabe recordar aquí el pasaje del libro de August Kubizek en el cual el mesianismo de Hitler se revela tras asistir a la ópera Rienzi de Wagner. Como apóstol y como enviado de los "dioses", el líder político tiene la misión de salvar a su pueblo, pero, por una parte, si el visionario pretende realizar políticamente su visión, solo puede llevar a la guerra y al desastre, como le sucedió a Hitler, porque el que rompe la baraja inevitablemente colisiona violentamente contra el mundo establecido. Para evitar esto, hay que vivir conforme al deber ser sin necesidad de forzar acontecimientos más allá de la batalla cultural, y eso también es una forma de detener el tiempo. Así que, se quiera reconocer o no, lo haya querido hacer o no, en el personaje de Cesar Catilina, Coppola homenajea en cierto sentido a Adolf Hitler (ya lo hizo con el coronel Kurtz en Apocalypse Now), pero poniendo todos los matices: el diálogo (poder de la palabra) y la empatía que vayan por delante de toda impulsividad destructiva, y asegurarse que la visión del visionario responda verdaderamente a un Ser - a una felicidad - compartida por todo el pueblo. Coppola, acariciando la verdad sin complejos frente a los anglosionistas, es consciente de que su Cesar Catilina tiene muchisimo que ver con los líderes totalitarios europeos del siglo XX, simplemente quiere asegurarse de que la generación actual no vuelva a cometer los mismos errores. 

Cesar Catilina, para terminar, es la encarnación final de esa figura mesiánica que recorre buena parte de la filmografía de Coppola, el transmisor de un mensaje de liberación ante un mundo prisionero de lo mundano, el chico de la moto en Rumble Fish, Pony Boy-Jonnie Cade en The outsiders, o el mismo general Kurtz, figuras que traen un apocalipsis de fuego y sangre, no siempre literal, no siempre en sentido bélico, pero siempre como metáfora de algo - por ejemplo, Ponyboy Curtis y Jonnie Cade contemplando el rojo dorado del amanecer o la puesta de sol era su forma de presenciar la ciudad dorada, o la imagen del mar ante el cual se recorta el perfil de un Rusty James liberado al final del recorrido en Rumble Fish - como en este caso tenemos una fábula en la que los personajes y los escenarios expresan ideas filosóficas que pueden aplicarse a diferentes momentos o ciclos de la historia de occidente, poco o nada que ver con los acontecimientos políticos más inmediatos y vulgares, porque ni Elon Musk ni Donald Trump tienen su representación en una película que apunta hacia perfiles e ideas más benignas, trascendentes y universales. 




  



martes, 13 de enero de 2026

Cómo Stanley Kubrick denunció la perversión anglo liberal

 


No nos puede caber ninguna duda respecto a que El Resplandor es el cuento macabro invernal por excelencia, proporcionado por el séptimo arte. Lo tiene todo: la mansión o castillo encantado en las montañas, la familia, y el triunfo final de la inocencia sobre la degeneración liberal y opresora encarnada en Jack Torrance.  Lo que da miedo es la locura real, independientemente de si dicha locura está inspirada o no por entidades demoniacas, y es interesante mirar al subtexto de la película, donde lo verdaderamente terrorífico es la pederastia de un padre hacia su propio hijo, por eso las notas musicales y sonoras del inicio ( obra de Béla Bartók ) no hacen más que advertir del horror absoluto que se va a representar de forma velada por medio de subterfugios.

Y hay más, mucho más. Una denuncia al imperialismo yanqui profanador de tierras y tumbas pertenecientes a los nativos, un señalamiento directo a los poderosos del mundo (políticos, magnates y demás gente de la élite) cuyos crímenes permanecen en la sombra, y una denuncia directa a la bandera yanqui, ubicada en el despacho del director del Hotel Overlook, el hotel que encarna la arquitectura de la demencia de aquellos que se rigen por el principio del placer. 



Para comprender mejor esta lectura del subtexto de la película, ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=kN8VbrflRd0&t=2s

lunes, 22 de diciembre de 2025

"Esa es mi chica, ese es mi chico"

 



Aprendiendo a ser ángeles de la mano de Steven Spielberg, en una película para la navidad, tanto como ¡Qué bello es vivir!, u otras más reconocidas. Partiendo de una relación de amor "verdadero", desde un plano puramente humano en el que el amor se entiende como relación de dependencia mutua, como apego y como una cierta posesividad, la película nos va instruyendo de cara a saber amar como lo hacen los ángeles, es decir, de forma incondicional y desinteresada, desde la cercanía o desde la distancia. Utilizando la fábula de la vida después de la muerte, nos presenta a un personaje central que no sabe desprenderse de una vida ya pasada y de una persona que ya no podrá estar con él ni él podrá estar con ella. En principio eso le perturba el ánimo, pero progresivamente irá aprendiendo a estar ahí, como lo hace nuestro ángel de la guarda, desde la distancia porque ya no hacemos falta en vidas ajenas, y desde un amor eterno que no necesita recibir nada, sino tan solo dar. La frase final de Richard Dreyfuss lo dice todo: "Esa es mi chica, ese es mi chico", aludiendo a todas esas personas que pueden haber pasado por nuestra vida, que un día estuvieron pero luego se alejaron por las circunstancias o razones que sean, y que incluso viendo como se alejan y viendo como ya no jugamos ningún papel en sus vidas, podemos seguir amándolas a pesar de cualquier barrera, distancia o disconformidad. El amor y la amistad son Para Siempre, porque incluso no hay forma más elevada de amar a una persona que alejándote de ella por el bien de ella. Feliz Navidad.

domingo, 16 de febrero de 2025

A time for us, no es éste


Principalmente, lo que Spielberg consiguió con su versión de West Side Story es sumarse a la moraleja que Coppola y Scorsese, cada uno a su manera, formularon sobre el tema de la violencia y las bandas juveniles en determinados contextos sociales. Tony, un chico entre dos mundos, es aquí un equivalente a lo que Ponyboy Curtis era en The Outsiders, el chico de la moto en Rumble Fish o Harvey Keitel en Malas Calles o Quién llama a mi puerta, poniendo aquí el énfasis en los conflictos raciales y la desestructuración social. En ese infierno callejero, Tony y María aparecen como dos ángeles cuyo mutuo amor se convierte en un sentir pasional  y una mirada inocente que solo a ellos les sirve como pasajera burbuja o barrera de protección frente al mundo exterior, un mundo que a pesar de todo termina destruyendo sus almas. 

Pero, además, que la versión de Spielberg es la definitiva, más actual y también atemporal, técnicamente magistral y con la mayor fuerza dramática posible. 

martes, 4 de febrero de 2025

El chico de la moto

 



En alguna fase de la vida podemos haber conocido a esa persona fascinante que amplía los horizontes de nuestra existencia, que se convierte en una especie de hermano mayor, maestro, modelo y referente hacia la autosuperación. Suele ser en la adolescencia, y cuando llegamos a la edad madura nos damos cuenta que, en cierto modo, nos hemos convertido en aquella persona que tanto admirábamos. Su presencia inmaterial e idílica - incluso estando ausente o lejano - invadía la calle, el colegio o instituto, el hogar, las charlas con los compañeros, y eso Coppola lo refleja muy bien en ese tratamiento onírico que utiliza. Son esa clase de personas, extrañas e incomprendidas, que nos traen un mensaje de liberación, que quieren romper la jaula o la pecera en la que vivimos presos y nos invitan a avanzar por el río de la vida hasta desembocar en el gran océano de la Eternidad, de la paz interior, del crecimiento en vida y sabiduría, y de un largo etcétera de posibilidades conforme a las aptitudes de cada cual.

Del barrio bajo, pero culto, lector y observador crítico de la realidad circundante, el chico de la moto en Rumble Fish no es sino otra imagen de lo que Ponyboy Curtis- Johnny Cade son en The Outsiders.  Entre uno y otro, Francis Ford Coppola construye una idea mesiánica que recorre buena parte de su filmografía. 

domingo, 2 de febrero de 2025

El crepúsculo de Indiana Jones

 



Con Indiana Jones y la última cruzada Spielberg firmó una redención para su icónico personaje, reconciliándolo con su padre y sanando, con el poder del santo grial, las heridas del pasado. Supimos entonces que esa sed de aventuras del arqueólogo tenía su origen en un trauma psicológico debido a un padre ausente, el mismo que libra a su hijo del terrible poder de atracción de las reliquias o objetos mistéricos cuando éste está siendo presa del hechizo que sobre él ejerce el santo grial. Era el año 1989, todo había terminado bien y nadie pensaría que una cuarta aventura fuese necesaria.

Pero tras una redención, siempre es bonito filmar un crepúsculo, una especie de epílogo. Y Spielberg encontró su historia apoyándose en el guionista David Koepp. Indiana tenía que "morir" de alguna manera, y una de esas maneras era llevándolo hacia el matrimonio ( al igual que en Hook Peter Pan "muere" por causa del matrimonio y la paternidad ). Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (2008) es esa aventura que le lleva hacia el matrimonio y hacia la paternidad, desde un punto de partida en el que "Indi", en su ancianidad y declive, se ha quedado practicamente solo en la vida, muerto su padre, perdidos o muertos los viejos amigos, acompañado por amistades infieles, sin apenas reconocimientos por sus gestas presentes o pasadas, sin una familia ni tampoco herederos.

 La celebración de la boda entre Indiana y Marion ponía un fin definitivo a la aventura entendida como una desesperada huida hacia delante de quien vive solo o desamparado. Pero lo más importante, y relacionado con ello, de toda la película es la sentencia final de John Hurt-Oxley, esa terrible frase que dice justo antes del beso matrimonial: cuánto tiempo perdido esperando. Aventuras, viajes, emociones, tesoros, antiguallas ocultas, misterios, triunfos y fracasos, todo fue en vano, una pérdida de tiempo, y únicamente la vida en matrimonio y ejerciendo la paternidad dignifica al ser humano.     



lunes, 27 de enero de 2025

Reconciliarse

 



Aquí el Coppola más libre y personal, contando una historia sobre la reconciliación entre un padre y su hijo. Y qué interesante esa forma de diferenciar el pasado del presente a través del color, o el simbolismo de unos ojos hipnotizados por la luz. Mejor no entrar ahora en sus significados (¿la pasión por la belleza que siente todo artista?), y quedarnos en ese cuadro general sobre una genealogía, una maldición familiar donde la rivalidad entre padres e hijos se resuelve en esa obra final escrita conjuntamente entre el padre y el hijo. No mires la luz, la pasión codiciosa es lo que ha destruido a la familia y debemos cambiar de rumbo.