Sin Dios, el totalitarismo no es más que técnica y adoctrinamiento para un control opresivo y opresor. Dolph Lundgren interpreta a un soldado soviético que, encarnando la absoluta rectitud en la conducta y en la actitud, no deja de ser alguien fabricado para oprimir y servir al aparato estatal soviético, pero en su odisea conocerá, por un lado, el contrapunto liberal del yanqui que a su vez será completado con el sentir nacional de un líder territorial africano. Ese camino de transformación, que en ningún caso elimina estadios del ser precedentes, sino que los redefine bajo una nueva cosmovisión, tiene una secuencia principal y resolutoria durante el periplo en el abrasador desierto, donde recibe el bautismo del escorpión, símbolo de un esencial vínculo con la tierra y el territorio que hasta entonces le era desconocido. La tecnocracia crea robots, la naturaleza nos hace retornar a la esencia de la vida ancestral, siendo el territorio africano un perfecto paradigma para esa vuelta a la naturaleza y a la tribu. Finalmente, cuando ese cuerpo colectivo que es la Nación grita: Dios con nosotros, partiendo de la tribu, y de la tierra más inhóspita, hacia el estado entendido como un medio y no como un fin, entonces es cuando el guerrero sirve a una comunidad de sangre y de tierra, a la vida misma de los pueblos, y no a los tecnócratas.
LA VIEJA GUARDIA
Cineforumeando con los viejos clásicos y los viejos valores
viernes, 17 de julio de 2026
El bautismo del escorpión
martes, 9 de junio de 2026
La mafia es una excelente metáfora
No es algo personal, son negocios
Podemos considerar que existen, en la trilogía de El Padrino (1972) dirigida por Coppola, al menos tres niveles de lectura. El primero y el más evidente referido al mundo de la mafia y sus códigos acerca del honor, el valor y la lealtad, convirtiéndose en una justificación del uso de la violencia en función de unos intereses. El segundo, y haciendo una abstracción a partir del primero, referido a una obra épica sobre el valor de la Familia, la camaradería y el compromiso con el grupo o con la comunidad. Y el tercero nos lleva a entender la película como velada representación de una comunidad que vive radicalmente el valor de la sangre como si todo formara parte de una liturgia religiosa llevada a cierta forma de fanatismo y posiciones extremas donde el individuo queda subordinado al interés o la empresa colectiva, como sucede en el funcionamiento interno de grupos religiosos, grupos de élite económica o empresarial, paramilitares, o cualquier otra forma de sociedad paralela que pueda constituirse. Aunque, quizás, ningún otro gesto encierra una lección tan clara y valiosa sobre la abnegación y la humildad como el de besar la mano del que manda, entendiendo siempre la vida como recital de temor y respeto ante un universo donde la Jerarquía es ley natural y divina.
Es el personaje de Michael, interpretado por Al Pacino, el que encarna todas las paradojas y dobles sentidos de la trilogía, lo que en cierta forma la convierte en una trilogía demoniaca. Michael, según se mire, es ángel o demonio. Administrador de la espada de justicia o criminal manipulador. Los momentos clave son aquellos en los que Michael, ante el párroco de la iglesia, confiesa a Cristo y declara su rechazo a Satanás, mientras en paralelo se van sucediendo las sangrientas ejecuciones ordenadas por él mismo. Todo forma parte de un ritual que puede ser interpretado de dos formas: representación de actos de justicia, o crimen sin más. En todo caso, la lección moral que prevalece al final de la película es que la traición, en sus diversas formas, como el pecado, ha de tener consecuencias y nadie se va de rositas. Cristo, cuando mojaba el pan de la mesa antes de que Judas hiciera lo propio, conocía al traidor y lo perdonaba. Pero, al traidor, dijo el Señor, "más le valdría no haber nacido" (Mateo 26:24).
lunes, 25 de mayo de 2026
El testamento y evangelio final de Coppola
Nostalgia de la Ciudad Dorada del futuro/ Esperanza en las voces del pasado
martes, 13 de enero de 2026
Cómo Stanley Kubrick denunció la perversión anglo liberal
No nos puede caber ninguna duda respecto a que El Resplandor es el cuento macabro invernal por excelencia, proporcionado por el séptimo arte. Lo tiene todo: la mansión o castillo encantado en las montañas, la familia, y el triunfo final de la inocencia sobre la degeneración liberal y opresora encarnada en Jack Torrance. Lo que da miedo es la locura real, independientemente de si dicha locura está inspirada o no por entidades demoniacas, y es interesante mirar al subtexto de la película, donde lo verdaderamente terrorífico es la pederastia de un padre hacia su propio hijo, por eso las notas musicales y sonoras del inicio ( obra de Béla Bartók ) no hacen más que advertir del horror absoluto que se va a representar de forma velada por medio de subterfugios.
Y hay más, mucho más. Una denuncia al imperialismo yanqui profanador de tierras y tumbas pertenecientes a los nativos, un señalamiento directo a los poderosos del mundo (políticos, magnates y demás gente de la élite) cuyos crímenes permanecen en la sombra, y una denuncia directa a la bandera yanqui, ubicada en el despacho del director del Hotel Overlook, el hotel que encarna la arquitectura de la demencia de aquellos que se rigen por el principio del placer.
Para comprender mejor esta lectura del subtexto de la película, ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=kN8VbrflRd0&t=2s
lunes, 22 de diciembre de 2025
"Esa es mi chica, ese es mi chico"
Aprendiendo a ser ángeles de la mano de Steven Spielberg, en una película para la navidad, tanto como ¡Qué bello es vivir!, u otras más reconocidas. Partiendo de una relación de amor "verdadero", desde un plano puramente humano en el que el amor se entiende como relación de dependencia mutua, como apego y como una cierta posesividad, la película nos va instruyendo de cara a saber amar como lo hacen los ángeles, es decir, de forma incondicional y desinteresada, desde la cercanía o desde la distancia. Utilizando la fábula de la vida después de la muerte, nos presenta a un personaje central que no sabe desprenderse de una vida ya pasada y de una persona que ya no podrá estar con él ni él podrá estar con ella. En principio eso le perturba el ánimo, pero progresivamente irá aprendiendo a estar ahí, como lo hace nuestro ángel de la guarda, desde la distancia porque ya no hacemos falta en vidas ajenas, y desde un amor eterno que no necesita recibir nada, sino tan solo dar. La frase final de Richard Dreyfuss lo dice todo: "Esa es mi chica, ese es mi chico", aludiendo a todas esas personas que pueden haber pasado por nuestra vida, que un día estuvieron pero luego se alejaron por las circunstancias o razones que sean, y que incluso viendo como se alejan y viendo como ya no jugamos ningún papel en sus vidas, podemos seguir amándolas a pesar de cualquier barrera, distancia o disconformidad. El amor y la amistad son Para Siempre, porque incluso no hay forma más elevada de amar a una persona que alejándote de ella por el bien de ella. Feliz Navidad.
domingo, 16 de febrero de 2025
A time for us, no es éste
martes, 4 de febrero de 2025
El chico de la moto
En alguna fase de la vida podemos haber conocido a esa persona fascinante que amplía los horizontes de nuestra existencia, que se convierte en una especie de hermano mayor, maestro, modelo y referente hacia la autosuperación. Suele ser en la adolescencia, y cuando llegamos a la edad madura nos damos cuenta que, en cierto modo, nos hemos convertido en aquella persona que tanto admirábamos. Su presencia inmaterial e idílica - incluso estando ausente o lejano - invadía la calle, el colegio o instituto, el hogar, las charlas con los compañeros, y eso Coppola lo refleja muy bien en ese tratamiento onírico que utiliza. Son esa clase de personas, extrañas e incomprendidas, que nos traen un mensaje de liberación, que quieren romper la jaula o la pecera en la que vivimos presos y nos invitan a avanzar por el río de la vida hasta desembocar en el gran océano de la Eternidad, de la paz interior, del crecimiento en vida y sabiduría, y de un largo etcétera de posibilidades conforme a las aptitudes de cada cual.
Del barrio bajo, pero culto, lector y observador crítico de la realidad circundante, el chico de la moto en Rumble Fish no es sino otra imagen de lo que Ponyboy Curtis- Johnny Cade son en The Outsiders. Entre uno y otro, Francis Ford Coppola construye una idea mesiánica que recorre buena parte de su filmografía.