En aquellos años, la familia y el decoro político a Spielberg se la traían floja. Con Raiders of the lost ark manifestó su absoluto idealismo en una historia protagonizada por distintas facciones y caracteres en la cual, supuestamente, debíamos empatizar ( y así fue y será por siempre ) con el arqueólogo del sombrero y el látigo. Éste, al igual que Richard Dreyfuss en "Encuentros en la tercera fase", antepone la misión por encima de las necesidades comunes relacionadas con el hogar y el cuidado de la mujer y los hijos. Se pasa la película viajando, corriendo y partiéndose la cara contra quien sea con tal de alcanzar el objetivo, pero no un objetivo materialista como suelen ser los relacionados con los problemas del hogar burgués, sino de carácter intelectual y -específicamente en el ámbito profesional de un arqueólogo o de un historiador- de carácter mistérico, siendo así un hermano espiritual tanto del nazismo esotérico de Adolf Hitler como de su aparente antagonista francés, conocido como Belloch. En el fondo todos son lo mismo, misioneros chalados a la caza del objeto de poder más importante de la historia de la humanidad, que finalmente será el cáliz y la sangre redentora de Cristo. Y fijémonos en el papel que juega la mujer; en ocasiones un lastre, en otras convenientemente secuestrada en manos enemigas, o arrojada a lo bruto al pozo de las serpientes para evitar que sus encantos distraigan a los soldados de la esvástica. Hay método, hay genio y hay afinidad para con los amantes de la vieja guardia. Y por eso amáis o habéis amado a Indiana Jones y a sus camaradas: todos aquellos que elegisteis primero el trabajo, los estudios o la vocación del tipo que sea, sacrificando los placeres o las veleidades mundanas.
lunes, 20 de julio de 2020
domingo, 14 de junio de 2020
Mugrientos (1978)
Grease contaba la historia de Danny Zuko, un chico que necesita ser libre. Vivía preso de los convencionalismos derivados de pertenecer a una cultura, e incidamos en el hecho de que todos hemos sido, en alguna medida, hijos de la "era rock". La película es un escaparate para deleitarse en la nostalgia de lo no vivido: los guateques, el musical de los 50, un característico sentido del humor, el sueño - no siempre realizado - acerca de esas amistades del colegio que permanecerán para siempre. Cabe destacar la canción Grease is the Word interpretada por Frankie Valli, la cual - acompañando a los créditos del inicio - es esa Voz maestra que dice aquello que precisamente la película desmiente en su posterior desarrollo; debía romper con los convencionalismos del greaser para poder estar junto a la pureza y castidad encarnadas en Sandy. Y aunque el tema de Frankie Valli se refiere a la cultura del individuo que quiere alcanzar la autenticidad en una sociedad dominada por los valores de la burguesía puritana protestante, valga decir que los atributos propios del greaser ( el apartarse del "mundo" y de sus convencionalismos, el amor por lo marginal y el trabajo precario) tienen su origen en las virtudes cristianas, posteriormente tergiversadas bajo un signo posmoderno que ha encandilado a varias generaciones. Greaser significa mugre, lo peor de la sociedad a ojos de quienes se rigen bajo los auspicios de un orden mundado y burgués. Al final, Danny y Sandy ceden su parte correspondiente para poder estar juntos: él con su chaquetita cursi de finolis-chico deportista, sano y bueno, y ella convertida en un putón verbenero. Los puritanos se ceban con este último aspecto, queriendo decir que esa conclusión de la película es un mensaje que corrompe a la juventud y, en parte, es verdad ya que la trasformación de Sandy es mucho más llamativa y sensualmente efectiva que la de su contraparte masculina. No sucedía de forma atonal y armónica, sino que el mensaje era una exhortación al libertinaje. Lo cierto es que, contradiciendo a esa Voz maestra, han renunciado a ser lo que verdaderamente son para poder estar juntos. Una incoherencia que funciona perfectamente en ese terreno de la sátira desmitificadora. A fin de cuentas el greaser, constituido como un icono pop, es una falsificación del verdadero espíritu de libertad y, en ese orden, la película denuncia el gregarismo de aquellas bandas juveniles porque obstaculiza el camino hacia la autenticidad y conduce hacia la dictadura de los convencionalismos.
jueves, 11 de junio de 2020
Videoclub de los ochenta
En primer lugar, esta noticia
No hay nostalgias como las de antes, lo afirman los chicos de Yo fui a EGB y desde aquí seguimos ese camino, pero llevándolo a la desmesura, conforme al espíritu de la vieja escuela. Aquí tratamos de hilvanar la nostalgia con la Verdad y, por desgracia, hemos de atravesar junglas prohibidas, sabiendo que la Verdad está en aquello que ha sido vilipendiado o ridiculizado. Deberíamos pensar, por otro lado, que la nostalgia no es vivir en el pasado, sino retener perpetuamente todo ese valioso legado de narrativa y formatos audiovisuales. La memoria se va adaptando al presente, pero no por ello deja de guardar el recuerdo de aquello que, por sus cualidades intrínsecas, siempre nos hará felices. Y ahora, cuando empezamos a adentrarnos en los tiempos post covid-19, es el momento de cerrar filas definitivamente ante el control mediático, ante la absoluta preponderancia del pensamiento único y de la asquerosa corrección política, y de recordar aquellas percepciones que, sin duda, algunos de vosotros tuvisteis hacia principios de la década de los noventa. Tras la caída del muro de Berlín en otoño de 1989, y ya inaugurando nueva década y "nuevo orden mundial" sionista, algo empezó a cambiar en el mundo del arte y de la estética, y sin duda fuisteis conscientes, quizás por primera vez, de la existencia del mal. No un mal concreto y personificado, sino de una decadencia, la certeza de que la historia cultural es la historia de una degeneración y, así, nunca afirmaremos nostalgias bajo el tópico que dice que "todo tiempo pasado nos parece mejor", sino bajo una certeza que no necesita justificación, simplemente lo percibisteis en su momento. No debemos adaptarnos a los cambios, sino permanecer fieles. El videoclub de los ochenta no es un pasatiempo, es una forma de pensar y de ser.
martes, 2 de junio de 2020
1985: Mcfly, Doc Brown y el anti-bullying
Pongamos que ninguna película - a excepción de otra que no vamos a mencionar ahora - refleja de forma tan clara y perfecta el espíritu y el legado de los años ochenta como lo hace Back to the Future. Durante mucho tiempo me he negado a incluirla en ésta bitácora por razones que resultarían bastante obvias si aplicáramos una mirada parcial, aquella desde la cual se entiende la historia de Marty Mcfly y de su ascendencia como paradigma de la ideología del éxito fundamentado en una competitividad agresiva y en la obtención de bienes materiales, entre otros mensajes pueriles como el referido al fumar y al beber como requisitos para tener clase. De hecho, el antológico puñetazo que George Mcfly le propina a Biff Tannen supone la exacta afirmación de ello. Ganarse a la chica a puñetazos era ganar la reputación, la clase económica a la que pertenecer y un hogar con hijos de buena profesión, limpios y educados. Es por esa verdadera peste por la que, hasta hoy, ha sido excluída de nuestro ideario. En cambio, ha sido a cuento de una especie de teoría del anti-bullying por lo que podemos verlo desde un ángulo diferente. Y es interesante porque, en los ochenta, antes de la actual cultura de la cobardía y la infantilización de la sociedad, no existía el bullying, sino verdaderas peleas por restaurar el honor personal y la identidad frente al adversario. Un adversario que en muchas ocasiones terminaba siendo una bendición para el chico que sufría algún tipo de abuso. Ni que decir tiene que la película de Robert Zemeckis es ante todo una maravillosa mezcla de caricaturas y estereotipos que no nos podemos tomar en serio, pero al loro con la ideología - porque la tiene - y con la transformación de George Mcfly consecuente a haber tenido la oportunidad de enfrentarse a Tannen. Las cosas no se resuelven a puñetazos, dicen hoy en día, y tienen razón, menos cuando es cuestión, como ya dijimos antes, de honor y, además, de hacer justicia en un momento y situación determinados. En aquella época la violencia era una forma de relación, de medir fuerzas y de conocer mejor al adversario y, una vez se gana el respeto mutuo, comienza una bonita historia de amistad entre quienes habían sido adversarios, a la vez que supone un verdadero rito de iniciación hacia la madurez. Por otro lado, Marty Mcfly es la plena figura del freak, bastante diferente de su padre George, pues Marty no necesita que le reciten una teoría del anti-bullying porque está abocado a vivir en el campo de batalla; vive en una familia en la que no encaja, en el colegio es un inadaptado, le encanta relacionarse con proscritos y con amigos raros, y vive fuera de su tiempo y de su época. Su sociedad con el inolvidable Doc Emmett Brown es la perfecta representación de nuestro amor por lo excéntrico y desmesurado, y de nuestro odio por la normalidad establecida. ¿Y qué sucede en la resolución final, cuando el padre aparece en plan cool, esa imagen terrible de mediocridad burguesa y vida adocenada?. Nada, simplemente un intercambio de estereotipos: del hombre apocado e idiota al hombre con clase y testosterona. O, ya más en serio, de una relación matrimonial basada en el sentimiento de lástima, a una relación de iguales, pues el sentir lástima daña a ambos progenitores, mientras que la madurez compartida hace que la relación matrimonial tenga un fundamento más firme.
jueves, 23 de abril de 2020
Los prescindibles (Sylvester Stallone- 2010)
En esta nuestra particular semana cultural, nadie mejor que Sylvester Stallone para definir todo el espíritu de la vieja escuela, y lo hizo en su película definitiva, "The expendables", homenaje a los amantes de la camaradería, el fuego del Espíritu y la destrucción del Mal. A excepción de las explosiones y la violencia explícitas, el resto hay que tomárselo muy en serio, pues el film habla de los marginados o gente tocada por algún tipo de locura, esa gente tratada como a material prescindible pero que, en un bello y divertido sueño cinematográfico, consiguen formar grupo y conquistar terreno. Habla de la necesidad de redención utilizando el arquetipo del héroe que va al rescate de la princesa, lo cual es una forma de indicar que debemos preservar lo que pueda quedar de bondad y belleza en un mundo podrido y sin alma. Lo de Mickey Rourke en esta película, por cierto, es de antología. Y es que la vieja escuela siempre fue, en el fondo de todos los fondos, un mensaje de santidad oculto bajo la máscara de los fuegos artificiales.
-Algún día encontrarás a un hombre que será feliz sólo con verte dormir
-Cuando estás aquí, no estás aquí realmente. No sé cómo te ganas la vida
- Ese tío me da mala espina
- Quiero morir tumbado junto a una mujer, no por una mujer. ( La tentación de vivir una vida normal, adocenada )
-Trastorno de personalidad antisocial- piensas demasiado: no eres un tío corriente y siempre tendrás problemas poco corrientes
- Ahora tendrás más tiempo para autocompadecerte (por la chica inalcanzable)
- El tío que mejor se lleva con las mujeres es el que mejor se apaña sin ellas- Disfruta de tu libertad
- Pues es feísima (a la "guapa"). ¿Cómo os llamáis?- Buda y Pest
- Ser rico está muy bien. Hace que las personas manifiesten a los cabronazos que llevan dentro ( y lo dice el malo)
- Uno no mata a su familia- Pásate por mi casa en vacaciones, amigo
- ¿Por qué estás en su contra?- Peleas de enamorados
- Ya sabes cómo me gano la vida. No soy perfecto, pero debiste esperarme. Porque yo lo valgo ( y no es arrogancia, no hay ironía y tampoco sarcasmo. Es la verdad)
- Los amigos mueren juntos
- Recordad esta mierda en navidad
- Ambos estamos muertos por dentro ¿por qué has venido?.
He venido a por Ella, gilipollas.
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